Nacionales – Un mundo que se complica

Los Espuelazos


La reunión entre Trump y Putin generó expectativas. Aún más el encuentro con Zelenski y varios líderes europeos. La posibilidad de que el inquilino de la Casa Blanca convenciera al prezident rossiyskoy de que terminara la agresión a Ucrania parecía poco probable. En apariencia salió un Putin fortalecido y empalagado ante lo que pudiera ser el regreso a la máxima de que ceden los ucranianos o continúa la guerra. Nada concreto, pero la percepción es que para que el Kremlin ceda deben garantizarle que Ucrania dejará parte de su territorio (20%) en manos de Rusia y que no ingresará a la OTAN ni a la Unión Europea. El concepto de seguridad para Ucrania es fundamental ante la eventualidad de cualquier acuerdo. Ese pareciera ser el centro de la negociación. La garantía para evitar que Rusia reincida en un corto plazo dependerá de una fórmula viable, sean tropas de Estados Unidos o de la UE o un acuerdo basado en el artículo 5 de la OTAN, tal como lo promovió la primera ministra de Italia. La pregunta abierta sigue siendo la misma: ¿Será este cuadro un mero avance o será el fin de una guerra causada por Rusia y que Trump ha prometido terminar?
De ser este el resultado descrito, pues estaríamos ante la compuerta para retomar el principio de compensar al agresor que invade tierras por la fuerza para detener un conflicto prolongado. Estaría de nuevo esta premisa en la agenda de opciones internacionales. En resumen, nos alejamos de la paz y de la justicia internacional sin el soporte del derecho internacional.
Los tiempos de un orden internacional previsible, aunque con amenazas constantes, queda debilitado con la ausencia de superpoderes, como lo fue Estados Unidos y la ex Unión Soviética, ninguno de los dos países tienen esa categoría ni en su dimensión económica ni en su capacidad de imponer doctrina y valores políticos. Ninguno de los dos países tiene un rol hegemónico en el planeta. El orden internacional que nació después de 1945 colapsó. La evolución del orden internacional es siempre continua. El que viene está en proceso, lo que no sabemos es si se sentará sobre la base de un gran retroceso. En los últimos dos siglos, desde el Congreso de Viena en 1815 hasta el mundo multipolar del siglo XXI, no han sido pocas las luchas por la hegemonía territorial, por el poder y por el fortalecimiento del multilateralismo.
El comunismo y la democracia como valores ideológicos se diluyeron como las dos corrientes en permanente confrontación. El pragmatismo, el debilitamiento del sistema multilateral, la aparición de nuevos actores nacionales como China, la India, la Unión Europea, con capacidad de influencia y la existencia de otros actores no estatales en la palestra internacional con capacidad de penetrar Estados y de ser agentes de negociación, configuran un cuadro infecundo que debilita las relaciones internacionales y crea un nuevo orden que aún no estamos seguros hacia dónde va y cuál es su perfil definitivo.
Esta nueva configuración global exige el reacomodo de los actores claves, que serían las potencias tradicionales, confrontadas con las emergentes antes mencionadas. La redefinición de los organismos internacionales como la ONU, el FMI, la OMC, con más fracasos que éxitos; la inserción de los actores no estatales como grandes corporaciones que tienen más impacto en la vida del planeta que la mayoría de los Estados naciones, sean Google, Amazon, el sector financiero y la aparición de la IA, convivirán con las organizaciones gubernamentales, muchas de ellas con gran influencia, como Green Peace, Transparencia Internacional, organizaciones ambientales y la existencia del terrorismo internacional y las corporaciones criminales, que también intervienen en el desequilibrio global.
La estabilidad del planeta definitivamente se complica.
Los Espuelazos